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Carta abierta (y un poco dolida) de un sevillano a Madrid

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avatarmig2Hola Madrid. Creo que si sumo el total de tiempo que he estado a tu amparo, viviendo en tus entrañas, puedo sumar más de seis años. Una barbaridad. Creo que más o menos nos hemos llevado bien, pero sabes que nuestra relación nunca fue fácil. Soy de Sevilla y la tierra siempre tira mucho. Por segunda vez, te voy a decir adiós para volver a Sevilla porque, cosas de la vida, ser periodista aquí se ha vuelto una proeza cuesta arriba. El gremio siempre estuvo mal, pero a veces se hace insoportable. Paradójico que en Sevilla haya encontrado una opción laboral viable cuando todos llevamos años emigrando a la inversa hasta ti. Vuelvo a casa, a ir a los sitios en bicicleta, a disfrutar del sol y del río -uno de verdad, con su agua y tos sus avíos-, a la vida sencilla, a recorrer la ciudad andando y a vivir, entre otras cosas, mientras sigo trabajando como un loco para que todo vaya bien. Vuelvo a hacer Nervión y Triana desde el terreno y a inspirarme en las calles de Sevilla para escribir. Pero antes de irme, quería decirte algunas cosas que creo que hay que dejar claras. Tus hijos y tú misma no habéis tratado a mi tierra y a mi gente muchas veces como deberíais, y por eso te escribo, ahora que regreso a Sevilla de forma inminente.

No somos flojos

O vagos, como queráis llamarlo. No solo no me he echado la siesta en mi vida como rutina -sí de forma ocasional cuando ha sido una necesidad más que un placer-, sino que por mucho que os he explicado que la semana de Feria se trabaja de forma normal, no habéis querido creerme. He estado rodeado de compañeros de toda procedencia y creo que no puedes decir que haya trabajado menos por ser andaluz. Nunca. A veces incluso las horas invertidas me han costado la salud, y un cansancio perpetuo. Y claro que me he quejado, porque soy humano. Pero en Andalucía no somos vagos, somos iguales que vosotros. Solo que, como dice mi amiga Inma, después de salir de noche de trabajar, en Madrid decidís iros al gimnasio y en Sevilla a tomarnos una cerveza con un amigo. Ya está.

Mi acento

Sí que es cierto que a muchos madrileños les encanta nuestro acento, pero eso no quita que me haya encontrado con situaciones desagradables. No hay derecho a que el dirigente de una institución estatal me reciba al grito de “Hombre miarrrrma qué pasaaa. Ole ole”. Por muy bien que nos llevemos. No amigo, soy de Sevilla pero no soy Estrellita Castro. Mi acento es parte de mi patrimonio vital, algo que por muy mal que vayan las cosas nunca podrán arrebatarme. Tu castellano no es mejor que el mío, por mucho que se hayan empeñado en repetírmelo en la capital de España. Mi castellano no está mal hablado, los andaluces no hablamos mal. Lo escribimos perfectamente. Mientras, muchos de vosotros sí que lo habláis mal, el laísmo no es una gracia, es un error gramatical. Sin más. Eso es hablar mal, lo mío no.

Vivan los tópicos

Cuando llegué el primer día a Madrid, recién salido de la facultad prácticamente, llegué con mi camisa y mis náuticos. Desde entonces la ristra de tópicos ha desfilado por mi día a día hasta que decidí alimentarlos yo. Si ni yo me los tomo en serio, es imposible que me afecte ni me importe. Así que algunos siguen creyendo que solo escucho sevillanas, que voy al Rocío -aunque nunca lo he pisado-, que soy un retrógrado porque me gusta la Semana Santa, que voto al PP porque llevo camisa a clase, que tengo un cortijo donde paso los veranos y hectáreas de olivares, y que mi alimentación se basa en salmorejo y gazpacho. Así no, Madrid. ¿Así decías que eras la ciudad más acogedora del mundo, donde nadie se siente forastero?

Nos imitas, pero es una farsa

Excepto contadas ocasiones, toda representación hecha aquí de lo que es mi tierra no es más que un pastiche. Lunares, volantes, olés -que no oles-, pensar que vivimos en una Semana Santa o Feria perpetuas, que bebemos más manzanilla que agua. A lo mejor debería decirte, Madrid, que Andalucía es mucho más que eso. Que la Alhambra es el monumento más visitado de España, que ya quisieras tener tú el carril bici que tiene Sevilla, que por mucho que me digas tu pescaíto frito poco tiene que ver con el que se sirve en Málaga y Cádiz, que tu jamón plasticoso nada tiene que ver con el manjar que nace de la Sierra de Huelva… Tantas cosas tenemos que no te perdono que las tomes a la ligera. Si quieres adoptar nuestros elementos, nuestra gastronomía, nuestra imagen… moléstate al menos en bajar a ver todo eso que pregonas. Ya no hay bandoleros en Sierra Morena, podrás cruzar sin problemas. Y nosotros mismos te enseñaremos de qué va todo esto.

A ver quién tiene más fiestas

Resulta que en Madrid los organismos públicos, sí, esos que yo pago con mis impuestos, no trabajan por la tarde la semana de San Isidro. Es como si en Sevilla no trabajáramos toda la semana de San Fernando. ¿Qué invento es este? Tengo que aguantar las miradas maliciosas cada vez que digo que me bajo a la Feria y resulta que aquí habéis convertido un día festivo en una semana de trabajar menos. Pero después somos nosotros, y nuestra fiesta continua. Esos prejuicios son el principal recuerdo desagradable que me llevo de ti, no el hecho de no haber sido capaz de explicártelo bien, sino la impotencia de que tú ni siquiera has hecho el esfuerzo por escucharme.

¿Mi ombligo? El tuyo

Dices que los sevillanos somos ombliguistas, y tienes razón. Pero también sensatos. Decimos que nuestra ciudad es la más bonita del mundo, pero eso no implica ni de lejos que pensemos que sea perfecta. Sabemos todas las carencias que tiene Sevilla y las asumimos como tareas pendientes. Pero tú te has empeñado, a todos los niveles, en que España eres tú. Y lo demás son lo que muchos de tus hijos llaman “las provincias”. Pues orgulloso de ser de provincias, faltaría más. Te empeñas en ser España tú sola, y no es así. Igual que los medios de comunicación siguen empeñados en pensar que lo que sucede en Madrid a nivel local le importa a alguien que viva en Almería. Creo que ya no existen periódicos nacionales, solo periódicos de Madrid. He luchado mucho por dar voz a los que están lejos de la Puerta del Sol, y créeme que lo seguiré haciendo. Madrid no lo es todo. Hay muchísima vida más allá. Eres una ciudad más, la que tuvo la suerte -o no- de ser la capital. Pero lo que pase en tus calles no es más importante que lo que pase en las calles de Ourense o Valencia. Para nada. Deja de mirarte el ombligo y mira más allá, que la mayoría de la gente que acoges en tus calles no son precisamente madrileños, sino hijos de otras tierras que vinieron a ti buscando una vida mejor. Respeta y serás respetada.

Y dicho esto, es cierto. Me voy de Madrid. Pero dejo aquí muchas cosas que echaré de menos. Las noches de música en los teatros, las plazas y sus terrazas cuando aflora el sol de la primavera y la ciudad se echa a la calle, los comercios de barrio de Chamberí, las revistas leídas mientras iba en el Metro de una punta a otra de la ciudad, la gente que me ha acogido y mimado cuando la ciudad no paraba de embestirme, mi casa y las noches en la cocina con cerveza y tabaco, los años en el periódico y las mil cosas vividas que me han hecho mejor y peor a partes iguales… Que te haya escrito esto no significa que toda tu gente sea así. Aquí he conocido a la princesa de San Blas que llora con la Salve Rociera, a la maestra de Chamberí que se viste de flamenca para bajar a la Feria, al indescriptible e irrepetible amigo de Móstoles que devociona a Mahler y a Metallica a partes iguales, a los culpables de que quisiera venirme aquí para pasar más tiempo con ellos aunque luego nos pasáramos los años persiguiéndonos por el mundo, a la familia de las guitarras de alabanza, a las visitas que vinieron para llenar cada semana de alegría nuestro hogar. Me llevo la maleta llena de recuerdos, por eso no te preocupes. Y me voy a Sevilla distinto a como llegué. Pórtate bien en mi ausencia, y en el sur tienes tu casa. Allí puedes ir a relajarte cuando la gran ciudad te pueda, y disfrutar de esa vida más sencilla de la que nuestras callejuelas saben un rato. Gracias por todo, Madrid. Y nos veremos pronto, que seguro que volveré a tus calles.

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