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Curro como símbolo

curro alumbrao

avatarmig2Este sábado atípico de fuegos artificiales en el Real de la Feria hablaba con una amiga sobre lo bien que nos iría si Curro, esa simpática mascota de nuestra Expo 92, ocupara el sillón del alcalde o el de cualquier institución. Curro es, por encima de todo, ese consenso abrumador que en estos tiempos turbios es necesario. Más allá de la locura de que Curro le quite el sillón a Juan Espadas, este pájaro fascinante es, al menos para una generación de personas a caballo entre los 20 y los 30 años, un símbolo de esperanza. Aquella mascota es probablemente el mejor símbolo de la Sevilla que en el 92 quiso ser y en cierto modo ha conseguido ser.

Decía su autor que es un pájaro porque vuela y es libre. Qué grandeza. Curro es un pájaro que quiso ser paloma en el Parque de María Luisa pero fue mucho más. Curro es la envidia de los pájaros del mundo, porque ni el Pato Donald dio tanto cariño, y por supuesto, ningún ave recibió nunca tanto amor. Curro, y la persona que lleva en sus entrañas, tienen la bondad de generar una sonrisa inmediata en todos los que recordamos la Expo con la inocencia del niño. Su cuenta de Twitter que podemos resumir como “Curro haciendo cosas” es una de las mejores cosas que nos haya pasado. Curro es el personaje que activa ese resorte que tenemos los que rondamos los 30 y que nos hace volver a llevar pantaloncitos cortos e ir a jugar a la calle.

Curro es un símbolo de Sevilla. No creo exagerar si digo que representa un momento de la Historia de la ciudad como lo hicieron en su día monumentos, reyes o artistas. La mascota de la Expo nació con el sentimiento de la libertad, y eso fue la Expo para la ciudad. El derribo del muro de Torneo para volver a mirarse en el reflejo del río, el alzado de los colosales puentes con los que la ciudad decía a todos que era una urbe abierta y que quería tocar el cielo, ser mejor, ser más grande. Una libertad plasmada en unas alas blancas de pájaro para abrazar a todos, sin hacer distinciones. Como sigue haciendo la mascota cada vez que hace una aparición pública.

Quizá por eso Curro tiene también una nariz y una cresta de colores. Sevilla es más que el rojo de su bandera y el oro de su escudo, es el azul del cielo que fue el camino que recorrer para llegar a la gloria por el aeropuerto de San Pablo y el azul del mar de aquellos descubrimientos que hicieron posible una exposición grandiosa que dejó en la ciudad un reguero de señales de que aquí todo hombre y mujer era bienvenido. Es el rojo del Sevilla y el verde del Betis, las dos caras de la Esperanza bajo palio y las dos orillas de su río -incomprensibles una sin la otra-. Sevilla es Curro y Curro es Sevilla porque es la aspiración de querer ser mejores, el deseo de superarse. Representa a una Sevilla casi provinciana que se convirtió, por unos meses, en el faro que deslumbró al mundo. No es una exageración decir que la exposición de Sevilla fue el punto de inflexión en la organización de este tipo de eventos.

Pero tiene Curro también patas de elefante porque, aunque la mascota ninguna culpa tenga, es también Sevilla un lugar complejo. Los sevillanos a veces pisoteamos esta ciudad que construyeron los siglos a golpe de cincel y de belleza. Sevilla contra Sevilla, en un clásico que nos ha frenado en algunos avances. Culpa nuestra. Pero también es la Sevilla que pisa firme, que no se tambalea y que se arriesga para conseguir lo que quiere, que se pone a soñar y hace que esos sueños se vuelvan realidad, con mucho trabajo y una explosión de talento sin igual, como pasó hace ahora 25 años. Curro es el recuerdo de lo que fuimos, pero también la prueba fehaciente de que, si queremos, lo podemos volver a hacer.

Por eso este año, cuando hemos visto a Curro iluminado presidiendo la portada de la Feria, me han entrado ganas de pegarle un tironcillo de orejas a aquellos que decían “qué cosa más fea”. Ojalá hubiera todo el año un pequeño Curro en cada farola de la ciudad, como un adorno más. Así, cuando la vida nos pueda, cuando pensemos que Sevilla ha dejado de ser oportunidad para ser un pozo hondo, cuando no entendamos los porqués de las cosas que pasan… Podamos mirar a aquel pájaro de colores que iluminó la mirada de miles de niños, de miles de turistas. El pájaro que, como el Ave Fénix, puede volver las veces que quiera porque siempre tiene la virtud de traernos la Esperanza. Gracias Curro, por enseñarnos de nuevo a mirar el mundo con los ojos de un niño. Gracias por hacernos creer que podemos volver a soñar, y convertir esos sueños en realidad.

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