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La Feria de Sevilla que hemos perdido

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avatar javi

Una vez pasada la segunda Semana Grande de la ciudad, se echa encima la nostalgia y se me vienen a la cabeza miles de recuerdos y cosas de la Feria de Abril que han desaparecido para siempre. Recapitulo algunas que tengo en mis pensamientos.

Hace varios años que tengo una preocupación: ¿dónde está Eva de Canal 47? Si ya fue duro que desapareciera aquella televisión local mítica, por lo menos Eva siguió colándose en las casetas del Real con su micro, acompañada de su cámara, cambiando cada año de televisión local según iban desapareciendo unas cadenas y naciendo otras. Antes vivía con miedo de ir a la Feria y que Eva apareciera de la nada para preguntarme qué tal me lo estoy pasando. Esa mujer tenía un repertorio de dos preguntas y media. Al final fui yo el que con 16 o 17 años, como tantos otros anormales, me colé como un psicópata entre Eva y la cámara diciendo estupideces que, me imagino, saldrían en la retransmisión en directo.

Lo más duro es el tema de la Calle del Infierno. Empecemos por el hilo musical. El electrolatino nos está destrozando la vida. Es horrible que Juan Magan, Kiko Rivera y compañía sustituyan a artistas tan puros y emblemáticos que pusieron la banda sonora de nuestra infancia y adolescencia a “los cacharritos”. La esencia de la Feria consiste, por ejemplo, en “Nunca debí enamorarme” de Camela sonando mientras se escucha el “tirorirorirorirorí” de los coches locos. Por supuesto Tijeritas y temas de bakalao como el “Yo lo que quiero es irme de fiesta”. Mi debilidad es la siguiente joya de Andy & Lucas:

¿Cuántos cacharritos se han perdido? El Booster, Terror en Yucatán… La atracción más miserable y deprimente era, sin duda, los ponis. Mi trauma con ella viene desde que tenía unos 7 años y un hombre desconocido decidió bajarme del poni para montar a su hijo. Me quedé allí solo, perdido en una Calle del Infierno repleta de gente, abandonado como un pobre abuelo en una gasolinera. Fueron pocos segundos pero intensos, hasta que me encontraron mis padres. Este año han sustituido los ponis de verdad por unos “ponis robots” que, por una parte son graciosos, pero por otra dan un mal rollo impresionante.

No quiero seguir ahondando en la herida pero ya es hora de reconocerlo. Están en caída libre los sombreritos blancos con la banda en negro. Los canis van disfrazados. Nadie tiene lo que hay que tener para encajarse en la Feria en chándal, sin complejos. Como hace unos años. Con tus mejores muelles, tu crestita doblada sin que te la despeinara la visera, tu indumentaria Cortez o Total 90… Y a sentarte en los coches locos en grupito a tirarle cáscaras de pipas a los que están montados. A esos te los encuentras hoy con una chaquetita celestita o peinados con un moñito. Sevilla, no te reconozco.

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